Pedro Alfonso Alatorre: rodilla que avisa en cancha
Domingo, ocho de la mañana, el saque de siempre. Y ahí está: esa punzada leve en la rodilla que ya conoces, la que llega en el segundo set y te hace pensar “esto no estaba antes”. La mayoría de nosotros hace lo mismo: apretamos los dientes, terminamos el partido, y el lunes caminamos raro sin decirle a nadie. Pedro Alfonso Alatorre lo ha visto en cancha más veces de las que puede contar —hombres de 40 y tantos que tratan el cuerpo como si todavía tuviera 25, hasta que el cuerpo manda la factura.
No se trata de dejar de jugar ni de convertirte en alguien que se queja de todo. Se trata de escuchar esa señal a tiempo, sin dramatizar y sin ignorarla. La diferencia entre seguir disfrutando el tenis a los 45, 50 o 60 y tener que dejarlo por terquedad casi siempre está en lo que haces los días que NO juegas.
Por qué la rodilla (o el hombro, o la espalda baja) empieza a avisar
Después de los 40, el cuerpo no cambia de la noche a la mañana, cambia de forma silenciosa: la movilidad de cadera se reduce un poco cada año si no la trabajas, los tejidos tardan más en recuperarse entre partidos, y lo que antes se resolvía con “ya se me pasa” ahora necesita atención real. No es que estés roto. Es que el mantenimiento que antes era opcional ahora es parte del juego.
Esto no es un diagnóstico ni pretende serlo — si el dolor persiste, se agrava o te cambia la forma de caminar, lo correcto es consultar a tu médico o a un especialista en rehabilitación deportiva. Lo que sí podemos platicar es sobre los hábitos alrededor de la cancha que hacen que esas señales aparezcan menos seguido y pesen menos cuando aparecen.
Los tres pilares que sostienen tu juego después de los 40
Consistencia sin obsesión
No se trata de entrenar más, sino de moverte de forma regular aunque sea poco. Un cuerpo que se mueve todos los días con moderación responde mejor que uno que descansa toda la semana y luego se exige al máximo el domingo. Esa lógica de “ahorro y gasto” no funciona igual cuando el cuerpo ya tiene kilometraje.
Movilidad como mantenimiento, no como castigo
Diez minutos de movilidad de cadera, tobillo y hombro antes de pisar la cancha valen más que veinte minutos de estiramiento estático al final, cuando el cuerpo ya está frío y cansado. La movilidad no es un lujo de “atleta serio”, es la diferencia entre llegar al tercer set entero o arrastrando algo.
Descanso que realmente descansa
Dormir mal la noche antes de un partido no solo te quita reflejos: también le quita al cuerpo la oportunidad de repararse. El sueño es cuando el tejido se regenera. Si duermes cinco horas entrecortadas y luego juegas dos sets intensos, estás pidiéndole al cuerpo que rinda con las reservas vacías.
Rutina accionable: qué hacer la semana después de que la rodilla avisó
Aquí no hay milagros, hay pasos concretos que puedes aplicar esta misma semana:
1. Baja la intensidad, no la actividad. En lugar de cancelar todo, cambia el partido competitivo por peloteo suave o caminata activa. Seguir moviéndote ayuda más que el reposo total.
2. Agrega movilidad diaria de 10 minutos. Enfócate en cadera, tobillos y hombros — las tres zonas que más sufren el impacto repetido del tenis.
3. Duerme una hora más de lo normal, al menos tres noches. No es indulgencia, es reparación. El cuerpo trabaja mientras duermes.
4. Hidrátate y come pensando en recuperación, no solo en energía para el partido. Proteína suficiente y buena hidratación ayudan al tejido a regenerarse.
5. Observa el patrón, no solo el dolor puntual. ¿Aparece siempre después del mismo movimiento? ¿A la misma hora del partido? Esa información es oro si decides consultar a un especialista.
6. Si el malestar dura más de una semana o se intensifica, consulta a tu médico. No hay hábito de bienestar que sustituya una evaluación profesional cuando algo no mejora.
El hábito mínimo viable: la caminata de reconexión
Si tuvieras que elegir solo una cosa para empezar esta semana, que sea esta: una caminata de 20 minutos, sin prisa, tres veces por semana, prestando atención a cómo se siente cada articulación al moverse. No es ejercicio “de verdad” según la lógica de gimnasio, pero es exactamente lo que el cuerpo necesita entre partidos: movimiento de bajo impacto que mantiene la circulación activa sin sumar estrés a lo que ya está cansado.
Esta caminata también es un buen momento para revisar mentalidad: cómo te sientes, qué expectativas tienes del próximo partido, si estás jugando por disfrute o por terquedad de demostrar algo. El tenis después de los 40 cambia de propósito, y está bien que así sea.
Cuando el tenis se convierte en puente, no en prueba
Hay una diferencia enorme entre jugar para sentirte vivo y jugar para probar que todavía puedes. La primera versión te acompaña por décadas. La segunda te desgasta y te lesiona más rápido. Pedro Alfonso Alatorre Damy ha platicado esto con muchos compañeros de cancha: el tenis, cuando se juega con cabeza y cuerpo alineados, se convierte en un puente hacia una vida activa completa — no solo hacia el próximo torneo de fin de semana.
Si te interesa profundizar en el lado más técnico del juego y cómo cuidarlo a largo plazo, puedes explorar más en pedroalfonsoalatorre.com. Y si el bienestar activo te lleva más allá de la cancha —a caminar en otros paisajes, a moverte de formas distintas— vale la pena visitar alatorredamy.com, donde el movimiento se conecta con viajes y naturaleza.
Esta semana: un solo compromiso
No te pido que cambies tu vida entera. Te pido una cosa: la próxima vez que la rodilla, el hombro o la espalda avisen, no lo ignores ni lo dramatices. Baja la intensidad esa semana, camina un poco más, duerme un poco mejor, y observa. Ese pequeño ajuste, repetido con constancia, es lo que separa a quien sigue jugando tenis a los 60 de quien tuvo que dejarlo a los 45 por no escuchar a tiempo.
Si quieres seguir explorando esta forma de entender el bienestar activo — sin promesas milagro, con pasos reales — te espero en el hub central de contenido: pedroalfonsoalatorredamy.com. Ahí seguimos platicando de cancha, cuerpo y vida.