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Pedro Alfonso Alatorre: movilidad antes de la cancha

Pedro Alfonso Alatorre Damy
julio 16, 2026

Domingo, ocho de la mañana, y ya estoy en la cancha con el termo de café todavía caliente. Mi compañero de dobles llega, calienta el brazo dos veces y saca. Yo, en cambio, llevo meses aprendiendo algo que me costó admitir: la rodilla no avisa con dolor de golpe, avisa con esa rigidez rara al primer paso lateral, esa que uno ignora “porque ya va a pasar con el partido”.

No pasó sola. Tuve que hacerle caso. Y lo que cambió mi domingo no fue una lesión dramática ni una visita de emergencia — fue aceptar que a los 40 y tantos el cuerpo pide una conversación antes de exigirle explosividad. Esto no es un tutorial de fisioterapeuta ni pretende serlo; es lo que a mí, Pedro Alfonso Alatorre, me ha funcionado como rutina mínima antes de pisar la cancha, y que comparto porque seguro no soy el único que llegó tarde a esta lección.

La rigidez no es edad, es falta de aviso previo

Durante años pensé que el calentamiento era para principiantes o para profesionales con cámaras encima. La realidad es más simple: el cuerpo después de los 40 necesita un aviso, una especie de “vamos a movernos” antes de pedirle que corra, gire y frene en seco. No se trata de estar roto ni de resignarse a jugar más lento. Se trata de darle al cuerpo información antes de la exigencia.

Si notas dolor persistente, hinchazón o algo que se sale de lo normal, eso ya no es tema de rutina de cancha — es tema de consulta médica. Este texto no reemplaza a tu doctor ni pretende diagnosticar nada; es sobre hábito, no sobre tratamiento.

Los 5 minutos que sí hago (y los que dejé de improvisar)

Nada de esto es ciencia exótica. Es constancia aplicada a lo básico, que es justo lo que casi nadie sostiene por más de dos semanas.

1. Marcha con elevación de rodilla, 30 segundos. Simple, casi tonto, pero despierta cadera y activa lo que vas a usar en cada split step.
2. Círculos de tobillo, ambos lados, 10 por dirección. El tobillo es el primero que paga la factura de un giro brusco sin aviso.
3. Sentadilla parcial controlada, 8 repeticiones. No es para lucir fuerza, es para que la rodilla sienta el rango antes de que el punto se lo exija sin permiso.
4. Zancada lateral suave, 6 por lado. Este es el movimiento que más se parece a lo que realmente vas a hacer en cancha — por algo lo dejo casi al final.
5. Respiración y trote suave in situ, 1 minuto. Sube pulso, no lo dispara. Es la diferencia entre entrar frío o entrar listo.

Cinco minutos. No es una promesa de rendimiento olímpico, es simplemente reducir la sorpresa que el cuerpo se lleva cuando pasa de quieto a competitivo en cero segundos.

Lo que aprendí después del partido, no antes

Aquí está la parte que casi nadie cuenta: la rutina de calentamiento importa, pero lo que haces después del partido pesa casi lo mismo. Llegar a la casa, tirarse en el sillón y dejar que el cuerpo se “enfríe solo” es la manera más eficiente de que el lunes amanezca rígido y de mal humor.

Un estiramiento suave post-partido, agua en cantidad razonable y — esto sí lo digo con insistencia — dormir bien esa noche, hacen más por tu próxima cancha que cualquier suplemento de moda. El descanso no es un lujo que te ganas después de entrenar duro; es parte del entrenamiento mismo, aunque no se sienta como tal.

Consistencia, no heroísmo

Aquí es donde muchos se equivocan, yo incluido durante años: pensar que la solución es un entrenamiento intenso ocasional en vez de un hábito pequeño y sostenido. La movilidad no se gana en una sesión de gimnasio memorable; se gana en los cinco minutos aburridos que repites cada vez que vas a jugar, sin excepción, sin importar si tienes ganas o no.

La cancha, en ese sentido, es un espejo brutal de la vida cotidiana después de los 40: lo que funciona no es la explosión ocasional, es la repetición modesta. Subir escaleras en vez de elevador, caminar quince minutos antes de sentarte a trabajar, estirar la espalda mientras el café se enfría — todo eso suma exactamente igual que el calentamiento en cancha. Es la misma lógica aplicada a distintos escenarios.

Cuando el cuerpo pide pausa, no es debilidad

Hay domingos en los que simplemente no toca jugar con la misma intensidad. Aceptar eso — bajar el ritmo, jugar un set en vez de tres, o de plano posponer el partido si algo se siente raro — no es rendirse. Es jugar con inteligencia a largo plazo. Conozco compañeros de cancha que por terquedad forzaron una rodilla resentida y terminaron meses fuera por no escuchar la señal a tiempo.

Si algo duele de forma distinta a la fatiga normal, si hay hinchazón que no baja o una molestia que se repite partido tras partido, ese es el momento de parar y consultar a tu médico. No hay hábito de cancha ni rutina de movilidad que sustituya un diagnóstico profesional.

El hábito mínimo para esta semana

No te pido que cambies tu vida entera ni que te vuelvas obsesivo con el estiramiento. Te pido algo mucho más modesto y, por lo mismo, mucho más sostenible: antes de tu próximo partido —sea el domingo, sea entre semana— dedica esos cinco minutos de la lista de arriba. Nada más. Si logras hacerlo dos veces esta semana, ya vas ganando terreno que la mayoría ignora.

La constancia pequeña gana siempre a la intención grande que nunca se cumple. Esa es la lección que la cancha me ha enseñado con los años, y que sigo aplicando cada domingo con el café todavía caliente en la mano.

Si quieres seguir explorando este tipo de hábitos aplicados al tenis y a la vida activa después de los 40, puedes encontrar más reflexiones en pedroalfonsoalatorre.com, o si el movimiento y los viajes activos también son tu terreno, date una vuelta por alatorredamy.com. Y si quieres conocer el proyecto completo detrás de estas ideas, el hub está en pedroalfonsoalatorredamy.com — ahí sigo compartiendo, como Alfonso Alatorre, lo que la cancha me sigue enseñando sobre envejecer activo, sin drama y sin prisa.

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