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Pedro Alfonso Alatorre: mentalidad post-pausa en cancha

Pedro Alfonso Alatorre Damy
julio 16, 2026

Domingo, ocho de la mañana, cancha número tres. Llevas dos sets parejos y en el tercer game del segundo set sientes esa punzada conocida en la rodilla derecha. No es dolor fuerte, es más bien un aviso, como cuando el coche prende una luz en el tablero que no es urgente pero tampoco se ignora. La pregunta que se te atraviesa no es “¿puedo seguir?” sino “¿debería?”.

Ese momento —ese exacto segundo de duda entre el orgullo competitivo y el sentido común— es donde se define mucho de lo que significa jugar tenis después de los 40. No es un tema de valentía ni de aguante. Es un tema de estrategia a largo plazo. Yo soy Pedro Alfonso Alatorre, y después de años en la cancha aprendí que la mentalidad post-pausa —esa que necesitas cuando el cuerpo te pide un descanso que no esperabas— es tan importante como el saque o el revés.

Por qué la pausa no es debilidad

Hay una idea rara que cargamos muchos hombres activos: pensar que detenerse es rendirse. Que si bajamos el ritmo, perdemos algo. Pero la realidad de jugar tenis con 40, 50 o más años es otra: el cuerpo ya no perdona los excesos como antes, pero tampoco te abandona si lo escuchas a tiempo.

La mentalidad que necesitas cultivar no es la del guerrero que aguanta todo, sino la del jugador inteligente que sabe leer las señales. Un dolor que aparece y se queda, una fatiga que no se va con el descanso normal, una rigidez matutina que antes no tenías: todo eso es información, no una sentencia. Y la forma en que reaccionas a esa información —con pánico, con negación, o con calma estratégica— determina si sigues jugando en cinco años o si te retiras frustrado antes de tiempo.

La diferencia entre parar y frenar

Parar es dejar de jugar por completo, asustado, sin plan. Frenar es ajustar la intensidad, escuchar al cuerpo y seguir construyendo desde ahí. La mentalidad post-pausa que funciona es la segunda: no se trata de abandonar la cancha, sino de aprender a dosificarte como un jugador que piensa en el set completo, no solo en el punto que tiene enfrente.

Rutina accionable para esa señal de alerta

Cuando sientes esa punzada, esa rigidez o ese cansancio que no cuadra con tu nivel normal de esfuerzo, aquí hay una secuencia que te puede ayudar a decidir sin entrar en pánico:

1. Detente y evalúa en frío. No sigas jugando “para ver si se pasa”. Camina, respira, y pregúntate si el malestar cambia con el movimiento suave o se mantiene igual.
2. Aplica la regla de los diez minutos. Si después de estirar suave y caminar diez minutos la molestia persiste igual o peor, es momento de parar el partido, no de forzar otro set.
3. Registra el patrón, no solo el día. Anota si esto ha pasado antes, en qué momento del partido, después de cuántas horas de sueño la noche anterior. Los patrones dicen más que un episodio aislado.
4. Prioriza el sueño de los próximos dos días. El cuerpo repara tejido y regula inflamación mientras duermes; si vienes de una noche corta antes del partido, ese es un factor que pesa más de lo que crees.
5. Consulta a tu médico si la molestia se repite o se intensifica. Esto no es alarmismo, es simplemente reconocer que un profesional puede ver lo que tú no ves desde adentro de tu propio dolor.

Movilidad y descanso como los verdaderos compañeros de cancha

La consistencia no significa jugar todos los días al máximo. Significa mantener una relación estable con tu cuerpo: moverlo, cuidarlo, escucharlo. La movilidad —esos minutos de trabajo articular antes y después de jugar— no es un lujo de atletas profesionales, es el seguro que te permite seguir compitiendo sin que cada domingo se convierta en una apuesta.

El descanso, por su parte, es la parte que más subestimamos. Dormir mal antes de un partido no solo afecta tu reacción en la cancha, también afecta cómo tu cuerpo procesa el esfuerzo después. Un jugador de 40+ que duerme bien recupera distinto a uno que llega arrastrando cinco noches cortas. No es motivación, es fisiología básica que conviene respetar.

Tenis como puente, no como prueba

Aquí está la reflexión central: el tenis no tiene que ser la prueba de que sigues siendo el mismo de hace veinte años. Puede ser el puente que te conecta con tu cuerpo actual, con lo que puedes dar hoy, con la versión de ti que sigue disfrutando el juego sin necesidad de demostrar nada. Esa mentalidad cambia todo: convierte cada partido en una conversación con tu cuerpo, no en una batalla contra el tiempo.

Lo que puedes hacer esta semana

No necesitas reinventar tu rutina completa de golpe. El hábito mínimo viable para esta semana es simple: antes de tu próximo partido, dedica cinco minutos a notar cómo se siente tu cuerpo —sin juzgarlo, solo observando— y después del partido, repite el ejercicio. Compara. Esa simple práctica de atención te va a dar más información sobre tu cuerpo que meses de ignorar las señales.

Si algo duele de forma persistente o te preocupa, no lo resuelvas solo con paciencia: consulta a tu médico. La mentalidad fuerte no es la que aguanta en silencio, es la que sabe pedir ayuda cuando toca.

Si quieres seguir explorando este enfoque de tenis y vida activa después de los 40, puedes visitar pedroalfonsoalatorre.com para más reflexiones de cancha, o si te late complementar con movimiento fuera de la cancha, alatorredamy.com tiene ideas de viajes activos que valen la pena. Y si quieres conocer el proyecto completo detrás de estas ideas, el hub en pedroalfonsoalatorredamy.com reúne todo lo que hemos construido, de la mano de Pedro Alfonso Alatorre Damy, con la misma filosofía: consistencia, movilidad, descanso, y disfrutar el juego sin culpa ni sermones.

Nos vemos en la cancha, con la rodilla —y la cabeza— en su lugar.

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