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Pedro Alfonso Alatorre: recuperación post-tenis

Pedro Alfonso Alatorre Damy
julio 13, 2026

Domingo, dos de la tarde, tercer set que se fue a tiebreak. Ganamos, pero cuando me subo al coche siento la rodilla derecha avisando algo que no es dolor todavía, es más bien un mensaje: “oye, hoy nos exigimos de más”. Antes yo hacía lo que hace casi todo hombre de 40 y tantos: me subía al coche, prendía el aire acondicionado y me iba directo a la ducha. Cero transición. Y esa transición, con los años, se cobra factura.

Llevo un par de temporadas aprendiendo —a veces por terquedad, a veces porque el cuerpo ya no negocia— que lo que haces en los primeros 20 minutos después de bajarte de la cancha pesa tanto como el partido mismo. No es un tema de disciplina militar ni de convertirte en atleta profesional. Es simplemente darle a tu cuerpo un cierre digno antes de aventarlo a la rutina del domingo familiar.

Por qué el “después” importa tanto como el “durante”

Cuando jugamos, el cuerpo entra en un modo de alerta: músculos tensos, articulaciones trabajando en rangos que no usamos en el día a día, corazón acelerado. Si de ahí saltamos directo al sillón o al coche con el clima frío, le pedimos a ese sistema que apague todo de golpe. A los 25 años el cuerpo perdonaba esa brusquedad. A los 45, ya no tanto.

La recuperación después del tenis no es un lujo de jugador serio, es la diferencia entre llegar fresco al miércoles o cargar con esa rigidez que te hace caminar raro dos días. Y aquí no hablo de nada complicado: hablo de una rutina que cabe en el tiempo que tardas en juntar tus cosas y despedirte de tus compañeros de juego.

La rodilla que avisa, no la que grita

Algo que me costó aprender: hay una diferencia entre la molestia que es parte normal de exigirte y la que ya es una señal de alarma. La primera se siente como cansancio muscular, se calma con reposo y estiramiento suave. La segunda es más aguda, localizada, y no cede con el tiempo. Si tu cuerpo te manda esa segunda señal —dolor agudo, hinchazón, algo que no mejora en un par de días— ahí ya no toca rutina casera, toca consulta a tu médico. Nada de esto sustituye una revisión profesional; es simplemente el hábito que uso cuando todo está dentro de lo normal.

Mi rutina de 20 minutos post-cancha

Esto no es ciencia de cohetes, es constancia aplicada a algo simple:

1. Los primeros 5 minutos, caminar, no sentarte. Antes de subirte al coche, camina alrededor de la cancha o el estacionamiento. Baja las pulsaciones gradual, no de golpe.

2. Hidratación antes que nada. Agua simple, no necesitas nada exótico. El cuerpo perdió líquido y sales, y reponerlo ayuda a que el resto de la recuperación funcione mejor.

3. Estiramiento suave de piernas y cadera. Nada de rebotes ni forzar. Cuádriceps, isquiotibiales, gemelos. Diez segundos por lado, respirando, sin competir contigo mismo.

4. Rodillas y tobillos, movimiento circular lento. Ayuda a que el líquido sinovial —el que lubrica la articulación— se redistribuya antes de que todo se “enfríe” de golpe.

5. Si tienes hielo a la mano, úsalo en zonas que sientas cargadas. Quince minutos es suficiente. No es obligatorio, pero ayuda cuando el partido fue intenso.

6. Duerme esa noche pensando en la recuperación, no en el resultado. Si ganaste, celebra; si perdiste, suéltalo. La cabeza también necesita su propio estiramiento.

La movilidad que no se nota hasta que falta

Uno de los aprendizajes más grandes que he tenido jugando después de los 40 es que la movilidad no es algo que se entrena solo en la cancha. Los días que no juego, dedico diez minutos —antes de dormir o al despertar— a mover cadera, hombros y tobillos con calma. No es rutina de gimnasio, es más bien recordarle al cuerpo que sigue siendo capaz de moverse en rangos completos. Cuando llega el domingo de partido, ese cuerpo que se movió toda la semana responde distinto al que estuvo sentado siete días esperando el saque inicial.

El sueño como parte de la cancha, no como algo aparte

Aquí hay algo que a mí me costó conectar: dormir mal la noche antes de un partido no solo te afecta el rendimiento, también afecta cómo te recuperas después. Si duermes cinco horas fragmentadas, tu cuerpo llega al partido con menos capacidad de repararse luego. No se trata de dormir ocho horas perfectas cada noche —eso también genera presión innecesaria—, sino de tratar el descanso como un tercer set que también necesitas ganar.

El hábito mínimo para esta semana

Si todo esto suena como mucho, quédate solo con uno: camina cinco minutos antes de sentarte, cada vez que termines de jugar. Es lo más simple, lo más barato, y lo que más rápido notarás. No necesitas cambiar tu vida entera esta semana, solo necesitas ese pequeño puente entre el esfuerzo y el descanso.

La consistencia no se trata de hacer todo perfecto, se trata de hacer lo mínimo de forma constante. Eso es lo que en el fondo separa a quien sigue jugando con gusto a los 50 del que dejó la raqueta guardada por lesiones que pudo prevenir con hábitos simples.

Yo sigo aprendiendo esto partido a partido, y comparto lo que me ha funcionado a mí en Pedro Alfonso Alatorre Damy y en el resto de contenido de bienestar activo 40+. Si te interesa profundizar en tenis y vida cotidiana, date una vuelta por pedroalfonsoalatorre.com; si lo tuyo es combinar movimiento con viajes activos, alatorredamy.com tiene ideas que capaz te acomodan. Y si quieres ver todo reunido, pedroalfonsoalatorredamy.com es el punto de partida.

Nos vemos en la cancha —con la rodilla contenta y el cuerpo agradecido.

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