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Pedro Alfonso Alatorre: mentalidad tras la pausa

Pedro Alfonso Alatorre Damy
julio 9, 2026

Es domingo, ocho de la mañana, y llegas a la cancha con esa mezcla rara de ganas y desconfianza. Llevas dos semanas sin jugar —trabajo, un viaje, o simplemente el cuerpo pidiendo tregua— y en el primer peloteo lo notas: la pierna no responde igual, el saque sale corto, y esa vocecita interna dice “ya perdiste el toque”. Te reconoces, ¿verdad? Yo soy Pedro Alfonso Alatorre, y ese domingo específico me ha pasado más veces de las que quisiera admitir.

Lo curioso es que el problema casi nunca es físico. Es mental. Volver después de una pausa —por lesión leve, por agenda apretada o simplemente por vida— activa un diálogo interno que sabotea antes de que el cuerpo tenga oportunidad de recordar lo que ya sabe hacer. Y a los 40 y tantos, ese diálogo pesa distinto: ya no jugamos por probar nada, jugamos porque nos gusta cómo nos sentimos cuando estamos ahí.

Por qué el regreso golpea más la cabeza que las piernas

Cuando pausamos —por descanso planeado o por necesidad— el cuerpo pierde algo de ritmo, sí, pero recupera rápido si le damos margen. Lo que tarda más en reacomodarse es la confianza. Empezamos a comparar el “yo de antes” con el “yo de hoy” en tiempo real, punto por punto, y esa comparación constante es la que arruina el primer set.

He aprendido —jugando, viajando, y también escribiendo sobre esto en pedroalfonsoalatorre.com— que la clave no es “regresar como si nada hubiera pasado”, sino aceptar que el regreso ES parte del juego. No es un obstáculo antes del verdadero tenis; es tenis también.

La rodilla que avisa y lo que en realidad significa

A veces el cuerpo manda señales antes que la mente las acepte. Una rodilla que avisa, una espalda que tensa distinto, una noche corta antes del partido. Ninguna de estas señales exige pánico, pero sí exige escucha. Ignorarlas por orgullo competitivo es el camino más corto a una pausa más larga —y no queremos eso.

Si algo te preocupa de forma persistente (dolor que no cede, molestia que cambia tu forma de caminar), consulta a tu médico. Esto no es diagnóstico ni consejo médico, es solo el recordatorio de que cancha buena empieza con cuerpo escuchado.

La rutina que sí ayuda a reconectar cabeza y cuerpo

Después de varias pausas —algunas por decisión, otras por necesidad— arme una rutina simple que no promete magia, pero sí orden. La comparto porque me ha funcionado a mí y a varios compañeros de cancha con quienes he hablado del tema:

1. Primeros 15 minutos sin marcador. Antes de contar puntos, peloteo libre. Sin presión de resultado, solo reconectar con la pelota.
2. Movilidad específica, no genérica. Cinco minutos de rotación de cadera, tobillo y hombro —los tres puntos que más se resienten tras una pausa en tenis.
3. Un solo objetivo técnico por sesión. No “jugar bien”, sino algo concreto: “pegarle plano al revés” o “mover los pies antes de golpear”. Objetivo pequeño, mente tranquila.
4. Registrar cómo dormiste la noche anterior. No para obsesionarte, sino para notar patrones. Noche corta antes del partido casi siempre se traduce en decisiones apresuradas en cancha.
5. Cerrar con tres minutos de respiración consciente. Suena poco tenis, mucho bienestar, pero ayuda a que el cuerpo baje revoluciones antes de manejar de regreso a casa.

Esta rutina no es sobre rendimiento inmediato. Es sobre reconstruir confianza con evidencia, no con esperanza ciega.

El descanso como aliado, no como enemigo

Algo que me costó años aceptar: el descanso no te resta nivel, te lo devuelve reorganizado. Cuando pausamos por necesidad —trabajo, familia, cuerpo cansado— tendemos a sentir que “perdimos tiempo de cancha”. Pero la consistencia real no se mide en días jugados sin parar, se mide en la capacidad de volver sin drama cada vez que hace falta.

Los tres pilares que sostienen esto —consistencia, movilidad, descanso— no compiten entre sí. Se necesitan. Puedes tener la mejor movilidad del mundo, pero si no descansas, se desgasta. Puedes descansar perfecto, pero si no eres consistente, pierdes el hilo. El tenis, en este sentido, es solo el escenario donde se nota más rápido si alguno de los tres está cojeando.

Cuando el marcador no importa tanto como crees

Uno de los cambios más útiles que he hecho es dejar de medir el “buen regreso” por el resultado del primer partido. Un mal marcador después de una pausa no significa que perdiste nivel; significa que tu cuerpo y tu cabeza están recalibrando juntos, y eso toma su tiempo natural.

Esta perspectiva, curiosamente, también aplica fuera de la cancha. La aplico en viajes activos —algo que documento en alatorredamy.com— donde el primer día de actividad después de horas de vuelo nunca es el mejor día, y está bien que así sea.

El hábito mínimo para esta semana

No te pido que reorganices tu vida. Te pido una sola cosa, concreta y medible: la próxima vez que vuelvas a la cancha después de una pausa, dedica los primeros 15 minutos exclusivamente a peloteo sin marcador. Sin excepciones, sin “nomás unos puntitos rápidos”. Deja que el cuerpo y la mente se reencuentren antes de exigirles competir.

Es un hábito pequeño, casi ridículo por lo simple, pero cambia por completo cómo se siente el resto de la sesión. Y si lo repites cada vez que regreses de una pausa —corta o larga—, notarás que la vocecita que dice “ya perdiste el toque” habla cada vez más bajito.

Si quieres seguir explorando esta forma de entender el bienestar activo después de los 40 —donde el tenis es puente, no meta final— te espero en el hub de Pedro Alfonso Alatorre Damy, donde reúno reflexiones, rutinas y aprendizajes de cancha y de vida. Nos vemos en la próxima sesión, con o sin marcador.

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